Publican “Arde Josefina” de Luisa Reyes Retana

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Publican “Arde Josefina” de Luisa Reyes Retana, una obra en minucioso estado de combustión, una novela tan sobrecogedora como deslumbrante. Esta novela es recipiente del premio Mauricio Achar/ Literatura Random House 2017.

Arde Josefina

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Josefina y Juan son hermanos; nacieron en Mánchester, pero desde muy jóvenes se mudan a México con sus padres. Su vida en la Ciudad de México es igual que su casa: fría, silenciosa y fantasmal. Jon y Holly son padres distantes; para ellos la crianza de sus hijos es una especie de incomodidad administrativa, un trámite que, al paso del tiempo, se vuelve intolerable.
Es evidente que algo no está bien con el menor de los hermanos: es ansioso y violento, se agrede a sí mismo y a los demás. En un principio, Jon y Holly no quieren enfrentar la posible enfermedad de su hijo, pues ésta resquebraja la pantalla de aséptico orden que han impuesto a sus existencias. Sin embargo, el furioso sufrimiento de Juan lo sacude todo. Acuden con un especialista que diagnostica una esquizofrenia temprana.
La frialdad de los británicos se convierte en franco desprecio y Josefina asume el cuidado físico y emocional de su hermano. Pasan los años y Jon y Holly deciden regresar a vivir a Inglaterra, dejando la tutela de Juan a Josefina. Es la consumación del abandono de toda una vida. Juan debe ser ingresado a un hospital psiquiátrico. Josefina, huésped espectral de su propia vida, nuevamente deberá hacerse cargo de todo.
       Arde Josefina es una obra en minucioso estado de combustión, una novela tan sobrecogedora como deslumbrante. Es, también, el puntual recordatorio de que toda familia es un incendio.

Luisa Reyes RetanLia nos presenta un fragmento de esta nueva novela que nos muestra como la vida pone a prueba a una familia y el amor que esta “debería” tenerse:

“…Al día siguiente nos despiertan casi a patadas y nos suben al coche junto con Ramona. Vamos a ver a un psiquiatra inglés en un hospital cerca de Pachuca. En el camino le preguntan a Juan cien mil cosas y me callan si intento contestar en su lugar. Juan está aturdido y contesta sin orden. La carretera parece casi terminada. Holly lo hostiga con preguntas complicadas que Juan no sabe contestar y en su frustración golpea el asiento del piloto con la cabeza. Holly se jala los pelos y mira al techo desesperada. Nunca la he visto reaccionar así. Se le quiebra la voz y desiste del interrogatorio. Se queda viendo a Juan aterrorizada.
Al llegar al sanatorio, un médico se lleva a Ramona hacia un salón vacío y Juan y yo seguimos a mis padres hasta un consultorio. Juan defeca en los calzones. Los doctores usan esa expresión: defecar. Huele horrible. Me despachan de inmediato. Camino por el pasillo y al final encuentro un jardín. Escucho los gritos de Juan sentada en una banca con los ojos clavados en una abeja que agoniza entre mis pies.
Más tarde me interrogan a mí también. Lo primero que me piden es mi nombre completo: Josephine Mary Aspers. Al decirlo, mi voz ya no suena como la de una niña. Me preguntan si mi hermano tiene vínculos afectivos. Contesto que no lo sé, aunque sí lo sé. Mi hermano no puede estar sin mí, por amor o por temor. Me da la impresión de que, para los fines de su pregunta, no es muy distinto lo uno de lo otro. Me preguntan una serie de cosas que tienen que ver con la vida diaria. Contesto lo que puedo. Me dicen que Ramona contestó lo contrario. Me amenazan con internar a mi hermano si no les digo la verdad. No me atrevo a confesar que lo he visto susurrarle al vacío.
Los interrogatorios se acaban y regresamos a Lindavista en el más absoluto silencio. Mi hermano va casi desnudo, salvo por una bata de hospital. Se muere de frío. Lo abrazo y lo cubro con mi abrigo.”

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